El norte del país Vasco (Iparralde) y la región occitana de la Gascuña fueron uno de los territorios de refugio escogidos por los judíos y los “cristianos nuevos” portugueses entre los siglos XV y XVIII en busca de “tierras de libertad”. Esto significaba poder vivir en regiones donde la práctica del judaísmo era tolerada o permitida sin la existencia de la persecución y represión inquisitorial. El establecimiento de las comunidades judaicas en esos territorios fue favorecido por varios factores. En primer lugar por el aumento de la actividad de los tribunales inquisitoriales en el Reino de España y en el de Portugal que había caído conquistada por la monarquía española. En ambos lugares los estatutos de pureza de sangre prohibían el acceso a la función pública a todo descendiente de moros y judíos. En segundo lugar, la posición geográfica de estos territorios posibilitaba la salida de los “cristianos nuevos” por mar o por las rutas terrestres a través de los Pirineos.