Para alegría o desconsuelo, nadie puede elegir a sus padres. La diosa Fortuna es la que se encarga de dilucidar si naceremos en el seno de una familia rica, pobre, bondadosa o cruel. A partir de ese momento no queda más que asumir quiénes son nuestros progenitores y vivir con ello. Aunque, en algunos casos, pueda ser una tarea casi imposible. Uno de los ejemplos más claros en este sentido es el de Brigitt Höss, supermodelo en la España de Francisco Franco, gran descubrimiento del diseñador Balenciaga y, para su desgracia, hija del comandante de Auschwitz Rudolf Höss (responsable de la muerte de un millón de personas en la Segunda Guerra Mundial). Su vida fue una suerte de montaña rusa, pues pasó de vivir entre lujos en el campo de concentración, a verse obligada a escapar de su país tras el fin de la contienda. Y todo ello, por culpa de su padre…
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