Mentiras palestinas

12/Jun/2025

Luis Marin en Elnacional.com (Venezuela)

Nosotros somos los verdaderos palestinos, es una frase que se le ha oído muchas veces a Golda Meir, en diferentes tonos: “Cuando en 1921 llegué a Palestina, una provincia turca escasamente poblada, nosotros, los pioneros judíos, fuimos los palestinos declarados”. Y tenía razón, nunca, ninguna nación árabe reivindicó esa denominación como propia, para identificarse; siempre consideraron la región como el sur de Siria.

Pinhas Rutenberg creo la Corporación Eléctrica Palestina en 1923, la actual Corporación Eléctrica de Israel. Con su nombre escrito en yidis se fundó en 1924 el Palestinische Kommunistische Parteien, filial Palestina del Komintern, la Internacional Comunista, que luego sería Partido Comunista de Israel (MAKI); como dato curioso, aunque no eran sionistas, el dirigente del partido, Meir Vilner, tiene el alto honor de aparecer firmando el Acta de Independencia de Israel, cuando todavía no había cumplido treinta años.

El Palestine Post, fundado en 1932, es el actual Jerusalem Post. Asimismo, la Orquesta Sinfónica de Palestina, fundada por Bronislaw Huberman en 1936, pasó a ser, después de la independencia, la actual Orquesta Filarmónica de Israel.

Hubiera sido impropio que el naciente Estado Judío se llamara Palestina, porque ese fue el nombre que el emperador Adriano eligió para borrar Judea de la faz de la tierra; pero aunque se barajó este último para bautizar al nuevo país, se optó por el nombre de Israel: “pues has luchado con Dios y con los hombres y has vencido”.

Quizás la mentira fundacional, la primera y más grande, sea esa de pretender considerar a Israel como si fuera una potencia colonial contra la cual luchan unos nativos árabes para conquistar su independencia nacional. Cualquier estrategia política o militar que se monte sobre esta falsa premisa está irremediablemente condenada al fracaso.

La verdad es que cuando Yasser Arafat inventó la Organización para la Liberación de Palestina en 1964 lo hizo por razones estrictamente burocráticas, para poder entrar en la nómina del Kremlin que financiaba los llamados movimientos de liberación nacional.

Podría argumentarse que el pueblo árabe palestino sí tuvo precursores, como el gran muftí de Jerusalén, Amín Al-Jusayni, con el pequeño inconveniente de que éste era un nazi al descampado, amigo personal de Adolfo Hitler y promotor del Holocausto, es decir, un sujeto francamente impresentable.

Otra dificultad no pequeña es que desde mucho antes el mismísimo camarada Stalin y su canciller Gromyko habían reconocido al sionismo como un movimiento de liberación nacional que a la sazón luchaba contra un amenazante imperialismo británico; pero ser consecuentes no es virtud de la que pueda acusarse a los soviéticos de manera que lo que hizo Stalin bien podía deshacerlo Jrushchov, aunque el canciller siguía siendo Gromyko.

De este pecado original se derivan muchos otros, como el mito de “la potencia ocupante”.

Israel es el único Estado en el mundo que “ocupa” su propio territorio, esto es, aquel que correspondía al Mandato Británico de Palestina antes de la transformación política iniciada el 14 de mayo de 1948, con las modificaciones derivadas de los tratados celebrados válidamente por el Estado; parafraseando al uti possidetis iuris, que es el principio jurídico en el que basan sus derechos territoriales las naciones latinoamericanas.

La disparatada Resolución 2334 del Consejo de Seguridad de la ONU, del 23-12-2016, puede servir de ejemplo ilustrativo de hasta dónde puede llevar lo que mal se inicia. La misma aprobación de la Resolución fue rocambolesca, primero, con iniciativa de Egipto, que se retractó, al parecer por presión de Trump que ya estaba electo pero no en funciones, lo que aprovechó Obama, en una decisión que en Estados Unidos llaman “de pato rengo”, para abstenerse y dejarla pasar.

Debe destacarse la triste intervención de Venezuela que, ante el retiro de Egipto, presentó la Resolución en manos de su embajador Rafael Ramírez, quien sin duda con satisfacción y característica irresponsabilidad representó ese infame papel ante la historia, como ha hecho su primo, Ilich Ramírez, mejor conocido como Carlos, El Chacal.

Y es que la historia tiene sus ironías, coincidencias y misterios insondables, que dan tanto para pensar: Rafael Ramírez atinó a estar en el lugar y momento apropiados para infligirle daño a Israel, más que todo el que pudo causarle su primo, con tantos riesgos, peligros y espectacularidad, con su militancia en el Frente Popular para la Liberación de Palestina y con más astucia, porque mientras éste paga varias cadenas perpetuas en una cárcel de máxima seguridad en París, aquel se pavonea con absoluta impunidad en un Rolls Royce plateado por las playas del sur de Francia.

La Resolución 2334 es no solo un adefesio jurídico y político sino incluso lógico y moral, de imposible ejecución y sin ninguna consistencia interna. Por ejemplo, dice que Israel en la guerra de 1967 “ocupó” lo que llama “territorios palestinos”; pero la verdad es que quien ocupaba esos territorios, sin derecho alguno, era Jordania quien, por cierto, antes se llamaba Transjordania por lo que al lado occidental del río se le llamó Cisjordania.

Ahora bien, desde 1988 Jordania renunció a toda reivindicación de soberanía sobre esa región por lo que los términos Transjordania y Cisjordania dejan de tener sentido, si es que alguna vez lo tuvieron. Allí no hubo entonces, ni hay ahora y seguramente que no habrá en el futuro ningún Estado Palestino susceptible de ser “ocupado”.

Pero el CS de la ONU se comporta como el Soviet Supremo de la URSS, una instancia capaz no solo de diseñar el futuro sino de transformar el pasado a conveniencia de su agenda política del momento. Hay que repetirlo de nuevo: la “ocupación” es una relación entre Estados, en la que uno, el Estado ocupado, no desaparece (debellatio); mientras que el otro, el Estado ocupante, ostenta ciertas potestades administrativas, de policía y orden público, recaudación de impuestos, representación exterior, etcétera.

Era la situación de Europa bajo la ocupación del Eje y fue la situación de Alemania, ocupada por las potencias aliadas después de la II guerra mundial hasta hace poco, que el país se reunificó y los ejércitos extranjeros se retiraron.

Esto no es en absoluto comparable con la situación de Israel que declaró su independencia del imperio británico a partir del territorio del mandato y es conveniente repetirlo: nunca delimitó sus fronteras ni en su carta fundacional ni en ninguna otra, porque no las ha puesto en una Constitución, sino que las ha ido configurando con líneas de armisticio en las sucesivas guerras que les han sido impuestas por sus vecinos.

Esto da pie para otra mentira más, que tiene que ver con la Franja de Gaza, en la que se oye hablar del paso de un lado a otro de una supuesta “frontera” que tampoco existe. Desde el día uno de la independencia esa Franja fue ocupada por Egipto, que la tuvo bajo su dominio casi veinte años, hasta que fue desalojado en esa guerra de 1967 a que alude la Resolución 2334 y, otra vez, allí no había ningún “territorio palestino” como tanto se afirma, estaba Egipto, sin derecho alguno.

En virtud de los acuerdos de Camp David de 1978 Israel devolvió a Egipto toda la península del Sinaí; pero éste renunció a la Franja. Con los acuerdos de Oslo Israel hizo concesión del terreno a la llamada Autoridad Nacional Palestina porque iba a construir allí el “Singapur del Medio Oriente”. Muy por el contrario, después de que Israel se retiró en 2005 en forma unilateral y completa, la ANP fue echada violentamente de Gaza por el Hamas que ya se sabe que fue lo que construyó.

Ahora bien, Israel nunca le hizo ninguna concesión territorial a Hamas, que no firmó ningún acuerdo de Oslo, por cierto, tampoco firmó el Estatuto de Roma de la CPI: Son usurpadores en sentido estricto. Pero con algo más: Ni siquiera reconocen la existencia de Israel, tanto menos van a reconocer la línea que los separa que, para ellos, tampoco existe. Las fronteras presuponen un tratado de delimitación y en este caso, ¿con quién se celebraría tal tratado?

La ANP no puede volver a Gaza gratuitamente, sin disparar un tiro y como si nada hubiera pasado, por su culpa, en veinte años.

Pedro Sánchez ha declarado ante el pleno de las Cortes que “…desde el 7 de octubre de 2023, que es la fecha del inicio de la invasión de Israel a Gaza”, como si fuera una mentira habitual; pero ésta reviste una gravedad particular, porque es tanto como la postulación de un universo paralelo, lo que lleva a preguntar con toda razón si ya se encuentra en el mundo ficticio del totalitarismo socialista donde, como se sabe, todo es posible.

Lo hace con el propósito de fundamentar una equivalencia entre la invasión rusa de Ucrania y esta supuesta invasión israelí de Gaza, por lo que, si la Unión Europea ha condenado a Rusia y apoyado a Ucrania, entonces, igualmente debe condenar a Israel y apoyar a Gaza, por una simple cuestión de evitar el “doble estándar”.

Y es aquí donde afloran las dudas sobre el equilibrio psíquico de Pedro Sánchez porque, hasta nuevo aviso, Rusia es una amenaza para toda Europa y precisamente por esta razón se ha creado la OTAN. Por el contrario, Israel tiene status de “aliado prioritario”, o sea, que no solo es un país amigo sino una valla de protección contra la gran amenaza del islam radical.

El enemigo es Hamás y Hezbolá, que han sido declarados organizaciones terroristas por la Unión Europea, de manera que es completamente inconcebible que se puedan volcar a apoyarlos, con armas y forrajes, en su guerra irregular contra Israel, como lo hacen con Ucrania, a la que incluso han prometido incorporar a la UE.

La equivalencia de Rusia e Israel respecto a Ucrania y Gaza es insostenible; pero además se basa en mentiras disparatadas: Israel nunca ha invadido Gaza, fue agredido por Hamas; ese territorio es parte del Mandato que Israel cedió en el contexto de los acuerdos de Oslo, que la OLP-Fatah nunca honró, por lo que nadie duda que la “desconexión” fue un error, alentado por buenas intenciones, que hoy se trata de enmendar a sangre y fuego.

Pero algo ha hecho Sánchez por su cuenta, insistiendo en el financiamiento de la UNRWA, que ha sido proscrita en Israel, por ser una fachada legal de las actividades terroristas, cosa perfectamente conocida en Europa; encabezando también una campaña internacional de deslegitimación de Israel y apoyo explícito al extremismo islámico, a contracorriente de la política exterior comunitaria.

La vicepresidente del gobierno de Pedro Sánchez, Yolanda Díaz, enarboló la consigna de que “Palestina será libre desde el río hasta el mar”, por lo que es imperativo preguntarle: ¿Libre de qué? Y la respuesta no puede ser otra que: “Libre de judíos”, esto es, Judenfrei.

Esto no admite ninguna otra lectura, porque si ella quiere ver al único país libre del Medio Oriente, en términos occidentales, pues, ahí tiene a Israel; pero puede probar suerte en Irán o Afganistán, a ver cómo le va.

Emmanuel Macron es otro presidente que parte de premisas falsas para hacer inferencias desopilantes. Una de ellas es que Israel fue creado por la ONU. ¿Cuándo ocurrió ese evento extraordinario y sin precedentes? ¿Mediante qué acto o resolución? De derecho, la ONU ni siquiera tiene competencia para crear Estados. Macron no puede responder a estas preguntas elementales, como tampoco a otras de seguro para él más apremiantes.

Quizás lo que pretende, con arrogancia gala, es despreciar la epopeya del pueblo judío hasta la conquista, con esfuerzo propio, de su Estado Nación; pero las consecuencias que saca son temerarias: si es así, entonces, la ONU puede crear otro Estado, esta vez árabe, con el pequeño inconveniente de que lo haría enteramente a costa del territorio israelí.

Y aquí no es que la ONU no tenga competencia sino que tiene una prohibición expresa: “Ninguna disposición de esta Carta autorizará a las Naciones Unidas a intervenir en los asuntos que son esencialmente de la jurisdicción interna de los Estados, ni obligará a los miembros a someter dichos asuntos a procedimientos de arreglo conforme a la presente Carta” (Art. 2°, 7).

Cuando un político corrupto e inescrupuloso comienza a clamar: ¡Al judío, al judío! Es forzoso preguntarse: ¿Qué nos quiere ocultar? ¿De qué quiere desviar la atención? En el caso de Macron es escandalosamente obvio. Hoy circula en la red un video en que toma algo de una mesa y lo escamotea en un bolsillo. Sus detractores dicen que es un polvo blanco que se inhala; él, que es un pañuelo para exhalar moco, ambos por la nariz; pero lo que salta a la vista es que quiere ocultar algo, eso no lo puede negar, está a la vista.

En otro video su esposa le propina una trompada. Se excusa con un viejo chiste de Cantinflas: “Nosotros nos jugamos así”. Pero lo que queda de relieve es quién le paga a quién. (Los argentinos dirían que al menos Alberto Fernández le paga a su mujer y no al revés.) Lo más grave se deriva de la pregunta: ¿Quién manda aquí? Brigitte Trogneux es quien gobierna, un grave problema constitucional que los franceses evaden o no toman en serio: el jefe del Estado sometido a la potestad de otra persona, ¿no elegida por nadie? No, ella fue elegida por Macron, pero cuando tenía 14 años, o sea, que no tenía capacidad para elegir y siendo ella casada, con hijos y para más, su profesora, es decir, no elegible.

Por último, pero no menos, otro embarazoso video muestra a Macron con la mano prendida por el dictador turco Recep Tayyip Erdogan, que no lo suelta y mientras trata de zafarse se queda agarrado por un solo dedo, un gesto que no puede caber en ningún protocolo.

¿Qué queda más allá de toda especulación? Lo que se ve: Erdogan no se levanta a saludarlo y mostrar cierta reverencia, se queda arrellanado; Macron de pie, tiene que inclinarse, como un lacayo, mientras forcejea para recuperar su dedo, sin ningún decoro.

Pero a quien sí le estrechó la mano con todos los dedos fue al líder de Al Qaeda, Abu Mohamed Al-Golani, hoy flamante presidente provisional de Siria, elegido también con un solo voto, esta vez del mismísimo Erdogan.

Macron quiere recuperar la influencia perdida de Francia en sus antiguas colonias de Líbano y Siria, para lo que no se le ocurre una mejor estrategia que montar una diatriba contra Israel, ¿cómo podría fallar un tiro al piso? Bueno, que Erdogan quiere hacer los mismo y ya tiene bastantes tropas sobre el terreno. Así, dice que tiene su ejército en Libia y ahora va en pos de Jerusalén, lo que antes parecía una fantasía delirante y ahora, no tanto.

Y es que no ha caído del todo el “eje de la resistencia” chiita, de Irán, cuando ya emerge el “eje sunita”, cuya columna vertebral son los Hermanos Musulmanes, que se extienden desde Egipto, pasando por Hamás en Gaza, el primer ministro Nawaf Salam en Líbano, el nuevo gobierno sirio de Al-Golani, Erdogan en Turquía, Qatar, sin olvidar que Karim Khan, fiscal de la CPI, quien solicitó el auto de detención contra Netanyahu, es de la secta sunita Ahmadi, de origen en Pakistán pero radicada en Gran Bretaña.

Lo bueno de la situación de Israel, si tiene algo bueno, es que todo ha pasado antes. ¿Qué más puede hacer Europa contra los judíos que no haya hecho ya? ¿Amenazan con un embargo de armas? Si eso lo hicieron desde el primer día. Cuando Israel quiso declarar su independencia el mensaje del presidente Truman fue claro: Ni se les ocurra. Todos los países árabes caerán sobre ustedes y nosotros no los vamos a defender.

Dicho y hecho: Israel declaró su independencia, los países árabes cayeron sobre él para aniquilar al naciente Estado judío y nadie movió un dedo para defenderlo. El primer ministro británico, Clement Attlee, decretó un embargo de armas secundado por la ONU. Justo es reconocer que el único país que vendió armas a Israel fue Checoslovaquia, menos por simpatía con los judíos que por girar en la órbita soviética contra el imperio británico.

La respuesta de Golda Meir es memorable y puede repetirse hoy: “Si tenemos armas, las emplearemos. Si no, combatiremos con piedras”.