La elección sin salida de los palestinos: Fatah o Hamás

15/Sep/2026

Gatestone Institute- por Bassam Tawil (traducido por CJU-CC)

 

 

Los palestinos siguen atrapados entre dos malas opciones: la Autoridad Palestina (AP), dominada por Fatah, y el grupo terrorista Hamás, respaldado por Irán. Los palestinos han probado ambas. El resultado ha sido corrupción, autoritarismo, represión política, terrorismo, violencia, división y, en última instancia, un enorme sufrimiento para el pueblo palestino. Foto: AFP vía Getty Images

 

in embargo, mientras los palestinos se preparan para otras elecciones parlamentarias, una vez más se les ofrece, esencialmente, la misma elección política.

 

La última disputa entre Fatah y Hamás ilustra el problema.

 

Majed Faraj, director del Servicio de Inteligencia General de la AP, pidió recientemente a Hamás que se disculpara ante el pueblo palestino por la catástrofe que les ha sobrevenido desde la invasión de Israel por parte de Hamás el 7 de octubre de 2023. Faraj, quien recientemente fue elegido miembro del Comité Central de Fatah, un órgano clave en la toma de decisiones, afirmó que esa disculpa debería ser una condición previa para que Hamás vuelva a participar en la vida política palestina.

 

A primera vista, exigir responsabilidades a Hamás puede parecer razonable. Hamás lanzó el ataque del 7 de octubre, en el que fueron asesinados 1.200 israelíes y ciudadanos extranjeros y más de 250 personas fueron secuestradas y retenidas como rehenes. El ataque desencadenó una guerra devastadora cuyas consecuencias han sido catastróficas para los palestinos de la Franja de Gaza.

 

Sin embargo, había algo revelador en el pedido de Faraj. No pidió que Hamás se disculpara ante las familias de los israelíes y ciudadanos extranjeros asesinados por el grupo terrorista el 7 de octubre y posteriormente, ni ante los rehenes que sobrevivieron. Solo pidió que Hamás se disculpara ante los palestinos por el desastre que les sobrevino.

 

La distinción es reveladora. Para muchos dirigentes palestinos, el principal problema con el 7 de octubre no es lo que Hamás hizo a sus víctimas israelíes y extranjeras, sino lo que ocurrió posteriormente con los palestinos.

 

Como era de esperar, Hamás rechazó la exigencia de Faraj. El alto funcionario de Hamás Bassem Naim respondió que, si Hamás debe disculparse por el 7 de octubre, entonces Fatah y el fallecido presidente de la Autoridad Palestina, Yasser Arafat, también deberían disculparse por las «catástrofes» que han afectado al pueblo palestino durante décadas.

 

Naim probablemente se refería a importantes episodios de la historia palestina, incluido el conflicto de Septiembre Negro de 1970-71 en Jordania, cuando la OLP intentó derrocar al gobierno del rey jordano Hussein, quien finalmente expulsó a la OLP de Jordania; la instigación de la guerra civil libanesa por parte de la OLP entre 1975 y 1990; y la Guerra del Golfo de 1990-91, particularmente la decisión de Arafat de alinearse con el líder iraquí Saddam Hussein cuando Irak invadió Kuwait, a pesar de que durante décadas Kuwait había recibido generosamente y dado empleo a cientos de miles de palestinos.

 

Estas iniciativas hostiles tuvieron graves consecuencias para la OLP y los palestinos, incluida la pérdida del apoyo financiero y político de los Estados del Golfo y la expulsión de aproximadamente 400.000 palestinos de Kuwait.

 

En resumen, la respuesta de Hamás a Fatah, de la Autoridad Palestina, fue esencialmente: si nosotros somos culpables, ustedes también.

 

Esta respuesta ilustra el problema fundamental de la política palestina. Fatah señala los crímenes y fracasos de Hamás. Hamás señala los crímenes y fracasos de Fatah. Cada bando exige que el otro rinda cuentas, mientras se niega a realizar un examen serio de su propio historial.

 

Tanto Hamás como la Autoridad Palestina deben innumerables disculpas al pueblo palestino, así como a los israelíes y a otras víctimas. Deben disculpas por la corrupción y la mala gestión. Deben disculpas por no haber construido instituciones transparentes y responsables. Deben disculpas por reprimir la disidencia y la libertad de expresión y por perseguir a opositores políticos, periodistas, activistas de derechos humanos y críticos. Deben disculpas por haber rechazado repetidamente compromisos e iniciativas de paz y por políticas que han contribuido a décadas de derramamiento de sangre israelí y palestino. Deben disculpas por no haber utilizado la asistencia internacional para construir una economía funcional e instituciones que sirvan a los palestinos comunes. Y deben ofrecer a su pueblo una explicación honesta de por qué los palestinos continúan divididos entre dos gobiernos rivales y sin un sistema político democrático que funcione.

 

El momento de esta última disputa es particularmente significativo.

 

Ocurre menos de dos meses antes de las elecciones parlamentarias previstas para el 28 de noviembre. Hamás ha decidido participar, aunque todavía no ha anunciado su propia lista electoral ni sus candidatos.

 

Los informes de que Hamás podría participar a través de candidatos vinculados al movimiento que no sean identificados formalmente ni públicamente como miembros de Hamás plantean interrogantes aún más serios. Si fuera cierto, ese mecanismo permitiría a Hamás regresar a la política palestina por la puerta trasera.

 

El vicepresidente de la Autoridad Palestina, Husein al-Sheikh, dijo recientemente a periodistas palestinos que la «participación [de Hamás] adoptaría una forma diferente y que no participaría bajo su nombre o estructura actuales». Afirmó que Hamás había llegado a un acuerdo con Estados Unidos para no participar en la vida política palestina en su forma actual. Al-Sheikh señaló la posibilidad de que figuras vinculadas a Hamás participaran bajo un nuevo marco político.

 

Entonces, en lugar de cambiar sus objetivos —gobernar brutalmente Gaza y destruir Israel—, ¿Hamás simplemente cambiará su «nombre, estructura y marco»?

 

Cambiar la etiqueta no cambia a la organización. Un candidato vinculado a Hamás no deja de estar vinculado a Hamás simplemente porque la palabra «Hamás» no aparezca junto a su nombre en la papeleta electoral.

 

Una maniobra de este tipo convertiría las elecciones en una ficción política: se permitiría a Hamás obtener representación parlamentaria mientras evita las consecuencias políticas de presentarse abiertamente como Hamás. Permitir que Hamás —disfrazado o no— participe en las elecciones también legitimaría al grupo terrorista sin exigirle que cambie fundamentalmente.

 

Eso sería un grave error. Los palestinos ya han visto qué sucede cuando Hamás adquiere poder político.

 

En las elecciones parlamentarias de 2006, Hamás obtuvo una sorprendente victoria sobre Fatah. Los resultados no fueron simplemente producto de la popularidad de Hamás. También reflejaron la frustración generalizada de los palestinos por la corrupción, la incompetencia, las divisiones internas de Fatah y su incapacidad para proporcionar un buen gobierno.

 

Si las mismas condiciones que ayudaron a Hamás a ganar permanecen vigentes, otras elecciones podrían simplemente reproducir el mismo ciclo. Por eso la Autoridad Palestina no puede presentarse creíblemente como la respuesta a Hamás. Hamás es malo, pero ¿quién dijo que la AP es mejor?

 

La AP continúa dominada por un liderazgo envejecido que ha fracasado repetidamente en establecer una verdadera rendición de cuentas democrática. Los palestinos han experimentado corrupción, represión política y una ausencia de renovación política significativa.

 

Durante casi dos décadas, Fatah y Hamás han luchado entre sí, han detenido a los partidarios del otro y se han acusado mutuamente de traicionar la causa palestina. Sin embargo, ninguno de los dos ha logrado construir un sistema político que sirva al pueblo palestino. Ahora se preparan nuevamente para competir por escaños parlamentarios.

 

Esto no debería generar un optimismo excesivo. Al final del día, el nuevo Parlamento podría volver a estar dominado por leales a Abbas y Fatah, por un lado, y por figuras vinculadas a Hamás, por el otro.

 

¿Dónde está la alternativa?

 

En el pasado, a los palestinos se les ofreció una «Tercera Vía». El ex primer ministro de la Autoridad Palestina, Salam Fayyad, se presentó en las elecciones de 2006 al frente de la lista Tercera Vía. Solo obtuvo dos escaños. Fayyad representaba un modelo radicalmente diferente tanto de Fatah como de Hamás. Estaba asociado con la construcción de instituciones, el desarrollo económico, la reforma administrativa y la participación internacional, en lugar de la lucha armada.

 

Sin embargo, Fayyad creó un «Plan Fayyad» para la toma subrepticia de Cisjordania por parte de los palestinos, aparentemente con el objetivo de crear un Estado palestino sobre tierras que los palestinos habían acordado que debían ser negociadas. El plan consistía en construir «hechos sobre el terreno» ilegales en el Área C, territorio que, por acuerdo mutuo, está bajo control de Israel y pendiente de negociación.

 

El problema es: ¿qué sucede si una de las partes negociadoras decide no sentarse nunca a la mesa? ¿Se supone que la otra parte debe mantener todo en suspenso —sin resolverlo para siempre— por si algún día la otra parte pudiera cambiar de opinión?

 

El ambicioso Plan Fayyad fue financiado en gran medida por la Unión Europea, cuyos miembros evidentemente no ven nada malo en apoderarse ilegalmente de tierras, o en la «construcción ilegal», siempre que esas tierras pertenezcan a los judíos.

 

Fayyad no pasó años en una prisión israelí. No alentó a su hijo a atacar Israel. Estudió en la Universidad de Texas en Austin.

 

En la cultura palestina, graduarse de una prisión israelí tiene mayor prestigio político que graduarse de una universidad estadounidense. Precisamente esa es la cultura que debe cambiar.

 

Los palestinos necesitan una verdadera tercera vía, no simplemente otra facción con un nombre diferente. Necesitan dirigentes dispuestos a desafiar la arraigada cultura política de Fatah y Hamás. Necesitan dirigentes que crean que el interés nacional palestino es más importante que los intereses de las facciones. Necesitan dirigentes dispuestos a enfrentar la corrupción, rechazar el autoritarismo, proteger la libertad de expresión, construir instituciones que funcionen y poner fin a la glorificación de la violencia.

 

Por encima de todo, los palestinos necesitan dirigentes lo suficientemente valientes como para decirle a su pueblo una verdad incómoda: no puede haber un progreso genuino mientras la elección política siga limitada a Fatah y Hamás, y mientras el objetivo principal de ambos grupos siga siendo la destrucción de Israel.

 

Los palestinos no necesitan otra contienda electoral entre Fatah y Hamás. Necesitan escapar de este monopolio político.

 

Bassam Tawil es un árabe musulmán radicado en Medio Oriente. Su trabajo es posible gracias a la generosa donación de una pareja que desea permanecer en el anonimato. Gatestone expresa su profundo agradecimiento.