El artículo reflexiona sobre el costo de la guerra frente a lo que considera una amenaza existencial para Israel y el mundo libre. A partir de datos militares sobre la ofensiva contra Irán, sostiene que, más allá de los costos económicos o humanos, la confrontación se plantea como una decisión estratégica para neutralizar capacidades militares del régimen iraní y evitar que fortalezca su poder destructivo.
Después de 10 días de guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán y de este contra todo Medio Oriente (lunes 9 de marzo) hay cifras aportadas por analistas de estrategia y de economías en guerra, que ponen en perspectiva toda la situación global, frente a tantos voceros de noticias falsas, que son constantes y sistemáticas. En 10 días, el poder de lanzar misiles por parte de Irán cayó un 92%, bajando de 480 el 28 de febrero a 40 el 9 de marzo. Los drones igual: cayeron el 92%, de 720 a 60. De las 31 provincias de Irán, 30 fueron atacadas. Todavía Irán tiene un 40% de lanzadoras de misiles, pero no tiene los misiles y no puede fabricarlos ni recibirlos de sus aliados como Rusia. Los 43 buques que constituían la fuerza naval iraní han sido destruidos o quedaron muy dañados e inoperativos. Más del 80% de las defensas aéreas de Irán han sido aniquiladas. El espacio aéreo de Irán está cerrado y las comunicaciones, incluyendo internet tienen más interrupciones que funcionamiento. La designación de Mojtaba Khamenei como líder supremo ha sido a demanda de la guardia pretoriana para seguir en el poder políticamente y luchar por su poder omnímodo y sus fortunas personales como sea.
Los 12 días de guerra entre Irán e Israel en junio del año pasado no le cambiaron el poderío misilístico a Irán. Se recuperó velozmente de la pérdida de casi 700 misiles y comenzó esta guerra en 2026 con más de 2.500 misiles. Israel y EE. UU. lo sabían. Y la contundencia para su destrucción era esencial hacerlo en pocos días. Por ello, las cifras hablan por sí solas. En 2025 la guerra fue entre Israel e Irán con una intervención limitada de EE. UU. Ahora, 7 meses después, Irán decidió prender fuego a toda la región y atacó, además de Israel, a 11 países, el más castigado Emiratos Árabes Unidos, sin dejar de lado a Bahréin, Catar, Arabia Saudita, Kuwait, Jordania, Iraq, Oman, Azerbaiyán, Turquía y Chipre.
Por supuesto que la OTAN podría haber intervenido. Responder a un ataque a Chipre y a Turquía es de una obviedad que no admite discusión. Sin embargo, por ahora, la OTAN ha preferido hacer interpretaciones jurídicas peculiares de sus estatutos y no cumplir con un mandato que se evalúa por parte del organismo como que generaría una ampliación aún mayor del conflicto. Turquía, además, a través de su presidente Erdogan ha vuelto a agraviar hasta el paroxismo a toda la nación judía, en particular a Israel, y se comporta más como un pariente cercano de la teocracia extremista iraní que como integrante de una alianza militar que no debería confiar mucho en su presunta honestidad societaria.
Los analistas han observado que las bajas en esta guerra no es un tema que ni los implicados ni los medios insistan en remarcar. Durante 2 años se usaron en Gaza en forma falsa para provocar un incremento del antisemitismo en el mundo desconocido desde el fin de la Shoá y una persecución enfermiza contra todo ciudadano israelí en cualquier lugar del planeta. Ahora, al estar en juego la economía global, los civiles muertos, los edificios destruidos, las centenas de miles de heridos y desplazados no ocupan titulares. Que Irán use bombas de racimo está naturalizado porque a la hipocresía y a la complicidad no le interesa la destrucción humana sino la disparada del precio del petróleo y la caída de las Bolsas. Han muerto civiles en Israel, Irán, Líbano, Arabia Saudita, Emiratos, Bahréin y Kuwait. Pero varios gobiernos muy poderosos miran que en 10 días se han gastado 7 mil millones de dólares y que el crudo Brent trepa y alcanza a 120 dólares. Israel por su lado, lucha por su existencia, defiende a sus ciudadanos con los refugios que hay en las viviendas, y sabe que, si esta guerra tiene final abierto, el peligro existencial estará al alcance de la mano, con o sin petróleo o con mejores o peores valores en la Bolsa de Nueva York o la de Japón. Israel sigue luchando en tres frentes: Irán, Hezbollah en el Líbano y Hamas en Gaza. Con Hamas hay una mera tregua que ha permitido que los terroristas sigan gobernando el enclave con sus armas y la famosa fase 2 de un plan mágico para solucionar el futuro de Gaza ha quedado muy relegada mientras la realidad golpea todos los días. Líbano dice que quiere hacer la paz con Israel, pero Hezbollah sigue armado fuertemente, bombardea el norte de Israel y no tiene la más mínima intención de siquiera mirar por un segundo al gobierno libanés. Irán puede perder esta guerra, pero no parece muy cercano que la dictadura pierda el poder en un plazo breve.
Entre las interrogantes, hay tres muy notorias. Una, ¿cuándo cae la dictadura teocrática? En un país de más de 90 millones de habitantes que hace medio siglo viven bajo una estructura de terror muy aceitada donde la mujer es un objeto, y la Guardia Republicana es una estructura de poder con enormes privilegios y potestades, hay varios millones (aún sean minoría) que se aferrarán a apoyar este poder porque además saben que el sistema está preparado para repeler la oposición como lo hizo hace dos meses exterminando más de 30 mil personas en escasos días. La pregunta sobre la caída del régimen se hace porque también hay que evaluar la brutal crisis económica del país que va a empeorar mucho con la guerra, el alejamiento de cómplices importantes para su supervivencia, la caída de sus títeres terroristas como Hamas y las debilidades de Hezbollah, y el descontento popular. Con todos los factores en la balanza el régimen podría finalmente caer, pero arrastrando consigo un caos que ya dejó de ser regional.
La segunda interrogante es sobre Hezbollah. El títere fuerte de Irán, que sólo Israel podrá derrotar, pero a mucho costo y quizás con la cooperación de Estados Unidos, porque el gobierno libanés es más una foto que un poder real, y en esa libertad de acción Hezbollah seguirá resistiendo hasta que tenga armas.
La tercera interrogante es inevitable. ¿Hasta cuándo estará Estados Unidos en guerra? Las presiones internas para terminar son enormes. Hay cansancio público, económico y hay elecciones intermedias antes de fin de año. Suceda en el momento que fuere, si Hamas no estará entonces desarmado, si Hezbollah seguirá dominando en el Líbano y si Irán estará militarmente derrotado, pero con la teocracia gobernando, Israel seguirá enfrentando lo existencial mientras el resto del mundo estará alterado por la economía global. En esta semana está quedando muy en claro que la tiranía iraní apunta al caos petrolero intentando destruir instalaciones en países árabes como Catar o Arabia Saudita. Una reacción característica de quienes llegaron al poder hace medio siglo: terrorismo como sistema contra todo lo que se considere enemigo, o sea, todos los que no sean ellos mismos y sus cómplices, mientras sean cómplices y acaten.
En este contexto, la falta de escrúpulos de gobernantes como los presidentes de España, Brasil, Colombia, por citar algunos, ha hecho que por momentos se discutiera el tema del Derecho Internacional en el marco de esta guerra. Desde 1979, el Ayatola Khomeini planteó objetivos esenciales de la dictadura que comenzó a liderar: exterminar a la nación judía ( e Irán lo repitió decenas de veces en forma pública incluyendo varios podios de la ONU a lo largo de las 5 décadas), crear una Guardia Republicana hiper equipada y escudo de toda la dictadura, adopción de su interpretación de la religión islámica donde la mujer es un objeto usable y desechable, generar grupos terroristas muy bien equipados que perpetren fundamentalmente la misión de la destrucción de la nación judía. En suma, Irán escupió sobre el Derecho Internacional, jamás lo aplicó sino todo lo contrario, y pudo usar el escudo de las Naciones Unidas, que, haciendo escarnio del Derecho Internacional, pasó por alto todas las violaciones al mismo de un Estado miembro, y a través del secretario general Guterres que ha sepultado a la ONU, Irán recibió cargos en organismos de derechos humanos.
Si Irán nunca ha estado en el marco de nada que se llama Derecho Internacional, si Irán cometió dos atentados terroristas en Argentina, si Irán intentó varias veces a través de uno de sus pupilos, Hamas, perpetrar genocidio contra Israel, si Irán ha usado a otro pupilo, Hezbollah, desde el Líbano para el mismo fin, ¿quién ha violado el Derecho Internacional que hoy como lo explica el ex presidente de Uruguay Julio Sanguinetti, está en pausa? ¿Quién es el agresor hace décadas? Obvio que Irán. Israel se defiende de acuerdo con el Derecho Internacional frente al continuo ataque contra su existencia. Pero eso no les sirve a presidentes latinoamericanos que defienden a Rusia cuando hace 4 años viene violando todo el Derecho Internacional existente en su invasión a Ucrania, y obviamente no les es útil darles legitimidad a los derechos de Israel y acompañan sin vergüenza a un régimen en el que horror es una definición minúscula.
Sanguinetti ha sido preclaro como siempre al decir en una nota periodística que la guerra es maniquea, no tiene grises. Cada uno debe saber de qué lado está. Los que hoy se abrazan con la teocracia y le llaman líder espiritual a un dictador asesino, y además lo hacen por su incontenible odio antijudío están del lado hitleriano de la historia contemporánea. Y allí se quedarán, claramente identificados de qué lado están, y sabiendo que además de Irán, son esos gobiernos contra quienes hay que enfrentarse, también, y no por primera vez