Desde el 9 al 12 de octubre, Abdur Razzaq, un
conocido líder y militante islámico visitará Washington DC para reunirse con
legisladores del partido Demócrata, con miembros del Comité de la Cámara de
Representantes y con analistas de varios think tanks norteamericanos cercanos a
Hillary Clinton y al ex presidente Barack Hussein Obama.
Luego, a partir del día 14 y hasta el 29 del
mismo mes, Razzaq y su comitiva cumplirá una agenda planificada en la que
visitaría México, Venezuela, Bolivia y otros dos países de Latinoamérica que
aun no han confirmado la visita del líder islámico, trascendidos indican que
podría tratarse de Ecuador y Uruguay.
El dirigente islámico Abdur Razzaq, también es
abogado, se ha graduado en Londres y allí posee sus oficinas europeas.
Que un abogado hable con políticos no es
particularmente preocupante.
Pero el hecho de que Razzaq sea también
Secretario General Adjunto del grupo islamista violento de Asia del Sur,
Yamaat-e-Islami (YI), es un problema grave.
¿Sabrán los funcionarios de Washington y de
las capitales Latinoamericanas quién es en realidad Abdur Razzaq, y con quien
se estarán reuniendo cuando reciban a su comitiva de 11 personas?
Fundada en Lahore (entonces India-Británica)
en 1941 por el teórico islamista Abdul Alaa Maududi, Yamaat-e-Islami estableció
filiales prácticamente en países de todo el mundo, incluyendo una importante
red en los EE.UU., pero también han estado practicando activamente Daawa
(«predicación y proselitismo» frecuentemente utilizado por
salafistas) desde la década del 2000 en Venezuela, Bolivia, Brasil, Uruguay,
Paraguay, Chile y zonas del sur de la República Argentina.
El Yamaat e-Islami saltó a la fama en 1971,
después de que sus operativos participaron en el asesinato de cientos de miles
de ciudadanos de Bangladesh que luchaban por liberarse del gobierno pakistaní.
Según los informes, tres millones de personas murieron en esa catastrófica
guerra y millones huyeron a la vecina India como refugiados.
En décadas posteriores a la guerra de 1971, el
YI ha cometido actos violentos en todo el sur de Asia. Actualmente, su filial
de Bangladesh está estrechamente involucrada con el terrorismo islamista en
Afganistán, Libia y la India. Los líderes de YI expresaron abiertamente su
apoyo y operaron en conjunto con los terroristas talibanes, y en su momento,
lloraron la muerte del Mullah Omar. Por otra parte, en 2017, el gobierno de
EE.UU. designó al Hezb-al-Muyahiden (partido de los combatientes), su «ala
militar» en Cachemira, como grupo yihadista y organización terrorista.
Durante la última década, aunque ya ancianos,
un tribunal de crímenes de guerra ha juzgado a varios de sus operativos y
líderes detenidos en los años 80 y 90 por los crímenes de 1971, y por su papel
en el genocidio que incluyó el establecimiento y liderazgo de escuadrones de la
muerte para asesinar a hombres, mujeres y niños. Algunos de los condenados
fueron ejecutados en la horca no hace mucho tiempo. El principal abogado
defensor de esos criminales de guerra no fue otro que Abdur Razzaq.
En EE.UU, los operativos de YI tienen sus
propias instituciones que se presentan como cuerpos representativos de los
musulmanes estadounidenses. Estas instituciones y sus funcionarios han servido
como partidarios de YI en Libia, Pakistán y Bangladesh, han ayudado a coordinar
las protestas contra el Tribunal de crímenes de guerra en Bangladesh y han
organizado actividades de relaciones públicas en D.C. durante la administración
del ex presidente Obama.
De hecho, uno de los criminales de guerra del
YI juzgado in absentia en Bangladesh, Ashrafuzzaman Khan, huyó a los EE. UU. y
ayudó a establecer y dirigir una de estas organizaciones musulmanas
estadounidenses denominada Centro Islámico de América del Norte (ICNA por sus
siglas en ingles). Los testimonios y pruebas demostraron que Khan fue «uno
de los principales verdugos» de un escuadrón de la muerte llamado Al-Badr,
el grupo más violento y temido del YI. El tribunal de crímenes de guerra
concluyó que Al-Badr había llevado a cabo el secuestro y asesinato de 18
intelectuales de Bangladesh. El Fiscal General M.K. Rahman, después del
veredicto de culpabilidad contra Khan al final del juicio, dijo: «Esos
criminales mataron a los mejores profesores, periodistas y médicos de la
nación».
ICNA no oculta su afiliación al YI, y se
identifica abiertamente como su aliado dentro de los círculos islamistas. Los
programas educativos de ICNA fueron elaborados por ideólogos de línea dura del
YI. Los libros que utilizan fueron escritos por el clérigo fundador del grupo,
Abul Maududi, y son promocionados en el sitio web de la división juvenil de
ICNA (Young Muslims). De hecho, uno de sus líderes, Yussuf Islahi, que dirige
la filial India del YI, ha sido orador en las convenciones de ICNA y es uno de los
principales patrocinadores del proyecto de proselitismo en Latinoamérica,
Islahi ha viajado a la región en varias oportunidades y es el mentor de los
jóvenes predicadores del Daawa que han visitado Santiago -Chile-, Neuquén
-Argentina- y Chuy -Uruguay-. Yussuf Islahi es conocido internacionalmente por
su teoría de culpar a los judíos por los ataques del 11 de septiembre sobre las
Torres Gemelas.
A su vez, ICNA, opera una fundación de caridad
a nivel internacional llamada Falah-e-Insaniat (Ayuda a los enfermos y
necesitados) que recaudó 40 millones de dólares estadounidenses dentro de los
EE.UU., en América Central y América del Sur durante el año 2015. Con parte de
ese dinero organizó una mega conferencia islámica en diciembre pasado en
Pakistán, donde por sus posiciones y actividades islamistas fue designada como
organización terrorista por el Departamento de Estado, ello debido a su función
como ala benéfica de la red terrorista pakistaní Lashkar-e-Taiba, que ayudó a
planear los ataques de Mumbai en 2008.
El dirigente de la fundación, Mohsen Ansari
(también ex-presidente de ICNA), se identifica abiertamente como miembro del
YI, y se refiere a los asesinos condenados de 1971 como «héroes» a
quienes «la nación islámica recordará durante siglos», además de elogiar
a los dirigentes islamistas que se imponen en los países musulmanes a pesar de
los esfuerzos de «medios anti-islámicos dirigidos por judíos».
Los lazos de terror han perseguido a los
grupos de ICNA estadounidenses por años. Una de las dos mujeres acusadas
formalmente por su participación en un complot para colocar una bomba en Nueva
York a nombre del Estado Islámico en el año 2015, vivía en un refugio
administrado por el ICNA y apareció en el vídeo de los mártires publicitado por
ICNA, y más recientemente el FBI reveló que Ansari había sido interrogado en
2015 como sospechoso de financiar el terrorismo en Pakistán a través de la
compra y venta de insumos médicos en los EE.UU., Paraguay y México.
A partir de 9 de octubre, estas personas
trataran de convencer a políticos estadounidenses y latinoamericanos que
Yamaat-e-Islami es una organización pacífica. Seguramente, su delegación
evitará cuidadosamente mencionar su extenso historial de violencia y vínculos
con el terrorismo. El problema es que muy posiblemente los políticos
latinoamericanos e incluso los estadounidenses no conozcan a la delegación que
los visitara ni a Mir Masum Ali, quien es miembro de la Ummah musulmana de
América del Norte (MUNA por sus siglas en ingles) para el Yamaat-e-Islami.
En 2010, MUNA organizó un evento, en el que
Muhammad Kamaruzzaman, el entonces secretario general asistente de
Yamaat-e-Islami, fue el invitado de honor. En 2013, el tribunal de crímenes de
guerra sentenció a muerte a Kamaruzzaman por su papel en el asesinato de 120
granjeros desarmados.
El Yamaat-e-Islami es un movimiento extremista
salafista aliado a los residuales del Talibán, de Al-Qaeda y últimamente al
ISIS. Nunca ha logrado un éxito electoral significativo en el mundo islámico.
En Latinoamérica no es conocido y EE.UU., una encuesta de Gallup de 2013,
reveló que solo un 4% de los musulmanes estadounidenses sentía que representaba
sus intereses.
La delegación que visitará EE.UU. y varios
países de América Latina en el mes de octubre apoya y ha participado de hechos
de extrema violencia durante décadas. Los políticos, legisladores y analistas
de los países que planifican visitar no deberían recibir a esta clase de
visitantes, contrariamente a ello, no tendrían que permitir su ingreso,
deberían investigarlos y colocarlos en listas de personas que colaboran o
pertenecen a organizaciones terroristas.
El sospechoso tour proselitista por Estados Unidos y América Latina de una organización islamista cercana a los talibanes e ISIS
27/Sep/2018
Infobae- por George Chaya