A la noticia de que, en Irán, un pastor cristiano corre el riesgo de ser condenado a muerte por negarse a abjurar de su religión, se suma ahora la información de que una actriz de aquel país fue sentenciada a un año de cárcel y a noventa latigazos por haber protagonizado una película que critica al gobierno. El pastor cristiano, declaró la directora adjunta del Programa Regional para Oriente Medio y el Norte de África de Amnistía Internacional, está «recluido únicamente por sus creencias religiosas. Es un preso de conciencia y debe ser puesto en libertad de forma inmediata e incondicional»; y agregó: es «increíble que las autoridades iraníes puedan siquiera plantearse matar a un hombre simplemente por ejercer su derecho a elegir una religión diferente al islam».