La política ha separado en Túnez lo que la revolución unió. Las elecciones del domingo han abierto una brecha entre los islamistas y una parte importante de la izquierda laica. El diálogo y el consenso que prometen los vencedores puede no ser suficiente. Hay muchos tunecinos que ganaron la revolución y que han perdido las elecciones. Son gente como Dalia Raja, abogada de mediana edad que anteayer, en un café de Montplaisir, empalmaba un cigarrillo con otro mientras se lamentaba de lo fácil que lo han tenido los islamistas y lo difícil que ha sido para las élites bien educadas hacer llegar su mensaje a una nación que «sólo quiere comer». «Esta no ha sido una campaña sobre programas políticos y propuestas constitucionales –comenta– sino sobre promesas irrealizables. Los islamistas han prometido pan y trabajo para todos y la decepción va a ser muy grande cuando no lo consigan».