Sameh Attallah era parte de esa «mayoría silenciosa» que confiaba en que el ejército dejaría el lugar a un gobierno civil después de las protestas que terminaron por derrocar a Hosni Mubarak en febrero. Durante nueve meses, Attallah se quedó en su casa mientras otros ganaban las calles para exigir rápidas reformas. Eso cambió. Ahora, convencido de que la junta militar pretende aferrarse al poder, Attallah se sumó a las protestas, que ya costaron la vida de más de 35 personas.