El presidente iraní, Mahmud Ahmadinejad, cada vez más presionado por Occidente por su programa nuclear y sus provocaciones militares en Medio Oriente, realiza una gira por Venezuela, Nicaragua, Cuba y Ecuador, en busca de un tubo de oxígeno entre sus aliados más estrechos. La elección que hace el régimen teocrático islámico no es casual. Los gobiernos que lo reciben con honores son, al igual que Teherán, duros críticos de la administración del presidente estadounidense Barack Obama. Hostiles a Estados Unidos, los gobiernos de estos cuatro países se acercaron en los últimos años a Irán, especialmente Venezuela, cuyo presidente ha viajado en nueve ocasiones a ese país en 13 años de gobierno.