No hace mucho aún la vi en una revista. Bella, elegante, icono de la mujer árabe, luchadora de los derechos de la mujer y los niños…, el paradigma del glamur. Eran los tiempos en que su marido era amigo de la ONU, lo invitaban a presidir la comisión de derechos humanos, y en la Internacional Socialista era un miembro prominente. En esos tiempos, Asma el Asad era el ejemplo del avance árabe, con esos aires de occidental pasada por Tiffany, compañera ideal del otro gran icono de la región, la bella Rania, mujer del rey de Jordania. En esos tiempos tan cercanos, su marido ya era un dictador brutal que reprimía sin miramientos a cualquier tipo de oposición, haciendo honores a su padre, Hafiz el Asad, cuyas anchas espaldas soportaban la carga de sus miles de muertos. ¿Cuántos mató en Hama, 20.000, 30.000? Ni la ONU lo sabe con seguridad, pero ello no fue óbice para que fuera bienvenido en todos los despachos.
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