Los asesinatos de Toulouse que conmovieron a Francia fueron hechos terribles pero no excepcionales. Todos los días se cometen asesinatos en nombre del Jihad, la guerra santa del Islam. Y uno de los enemigos favoritos es el judío, que según la tradición islamista es descendiente de monos y de cerdos. La propaganda anti-israelí en Occidente diferencia entre judíos sionistas (malos) y anti-sionistas (buenos) pero los miles de jóvenes musulmanes que piensan lo mismo que Mohammed Merah, el asesino de Toulouse, no creen en esas sutilezas. Para ellos, si Israel es la encarnación del mal ello se debe a que es un país de judíos.