Nunca me sentí tan horriblemente íntimo con el Führer como mientras leía Hitlerland. Estaba tan cerca como para verlo, tocarlo, casi olerlo. Lo que Andrew Nagorski (ex corresponsal de Newsweek) hizo en esta disfrutable lectura -construida en torno a la experiencia de varios estadounidenses en Alemania desde el fin de la primera hasta el comienzo de la segunda guerra mundial- es hacer a Hitler tan humano y tan monstruoso como lo fue para los periodistas, diplomáticos, empresarios, aduladores y soldados de Estados Unidos que lo conocieron.