En diciembre de 2010 comenzó la Primavera Árabe. Estalló pocos días antes de comenzar el invierno en el hemisferio norte. El 17 de diciembre, Mohamed Bouazizi, un vendedor ambulante tunecino, se quemó a lo bonzo en protesta por el trato que le había dado la policía días antes obligándole a levantar su puesto callejero. Bouazizi moriría dos semanas después en el hospital a causa de las quemaduras. La indignación sublevó a la sociedad civil y las protestas se extendieron como reguero de pólvora hasta la caída del régimen. Después de Túnez el efecto dominó llegó a otros países. Reaccionaban en cadena contra los regímenes en Túnez, Libia y Egipto. El movimiento se extendió a Yemen y Bahrein, entre otros estados de esa región. En abril 2011 también llegaron las revueltas a Siria, donde se ha impuesto el régimen de los Assad por décadas. Después de miles de muertos esta historia no ha finalizado y el régimen sigue reprimiendo a los opositores a sangre y fuego, pese al reclamo de Naciones Unidas de un alto el fuego.