Los últimos años del cine y la vida de Woody Allen se parecen a un juego de mesa, cuyo tablero tiene un camino sinuoso por el mapa de Europa donde según qué salga en el dado la ficha cae en determinada ciudad del viejo continente. Esta especie de gira creativa comenzó en 2005, cuando Allen dejó su Nueva York querida y cruzó el charco atlántico para filmar en Londres la excelente Matchpoint. Allen inauguró un formato filmando en una ciudad y apoyándose en actores de ese país para ilustrar cada fábula con un determinado color local.