La muchacha bajo el farol

La muchacha bajo el farol

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Adolf Hitler se consideraba un artista y no perdía ocasión, dice Ian Kershaw, de exponer largamente sus «opiniones precipitadas y repletas de tópicos sobre el arte y la cultura, ámbitos en los que […] no era más que un dogmático sabelotodo.» Buena parte de su pandilla de gángsters también lo era; Joseph Goebbels en primer lugar. El Ministro de Propaganda y Educación Popular del Reich, tenía, al menos, algunos méritos académicos y capacidad de observación y análisis sobre las artes y la comunicación de masas. Sin embargo, aun desde su poder absoluto no fue capaz de producir obras que le trascendieran, salvo los documentales de Leni Riefenstahl, a quien odiaba, o una canción popular contra la que luchó inútilmente.

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Para aprender el hebreo de las calles

Para aprender el hebreo de las calles

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Guy Sharett imparte sus clases de hebreo en un aula ambulante, rodeado del plan de estudios en constante cambio del grafiti y los rótulos en las calles y callejones de Florentín, su vecindario en Tel Aviv. “Aléjense de la tele, empiecen a vivir”, indicó Sharett una reciente tarde, al traducir un eslogan garabateado en hebreo, al inicio de una clase, mientras era seguido por una docena de estudiantes sedientos de entender tanto la vida en las calles de Tel Aviv como el antiguo idioma renacido que se habla en ellas.

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