Entre la ciencia y el milagro, conversamos con Javier Ganz.

Entre la ciencia y el milagro, conversamos con Javier Ganz.

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Conversamos con Javier Ganz, doctorante en biomedicina, quien se encuentra trabajando en temas que rozan lo milagroso con lo increíble. Javier nos va a contar muy brevemente en que trabaja estos días, y lo tendremos como invitado en futuras notas para contarnos novedades, progresos y adentrarnos en un campo tan complejo como apasionante. Es un privilegio para nosotros contar con Javier, quien es capaz, no solo de informarnos, sino traducir estos conceptos a un lenguaje que todos podamos entender y hacer todo esto en español.

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La Inquisición y los Criptojudíos

La Inquisición y los Criptojudíos

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En el pasado mes de junio se publicó un editorial en el diario EL Litoral de la provincia de San Fe, Argentina, en el que se hace una reflexión acerca del impacto de la Inquisición entre los judíos, quienes en un buen número se vieron obligados a abandonar España, sin bienes, ni pertenencias. Para evitar su expulsión muchos se convirtieron a través del bautismo al cristianismo, no obstante, de manera oculta siguieron practicando su religión, y parte de ellos se unieron a los españoles que salieron a conquistar el Nuevo Mundo, en donde se mezclaron con los indígenas, formando comunidades sui generis a las que se ha denominado, criptojudíos, marranos y otros apelativos. La mezcla racial entre judíos conversos y los habitantes locales de los nuevos territorios se facilitó por que parte importante de los mismos eran jóvenes solteros y se amancebaron con las mujeres locales, proceso que derribó en una enorme descendencia que hasta la fecha ignora sus raíces judías.

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Justicia islámica afgana: el derecho al crimen

Justicia islámica afgana: el derecho al crimen

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Ahí estaba ella. Es cierto que, sepultada en su burka, podía ser cualquiera; con un poco de suerte, incluso un jefe talibán o algún imán de ésos que predican, y con verdad, que el Corán prescribe pegar a la mujer, aunque sin pasarse (prohíbe golpearla en la cara, por ejemplo; eso, ni a los animales). Pero no; era ella, la adúltera: aquélla a cuyo marido el mismísimo Alá concediera el derecho a asesinarla por haberse fugado con otro, y él, ¡cómo sustraerse a tan divino mandato!, kaláshnikov en mano, disparó contra la fornicadora a menos de dos metros; aquélla que cayó como si de un pelele se tratase tras el tercer disparo, entre los aplausos y vítores de un centenar largo de espectadores que de pie o sentados asistían a la carnicería y cerraban el espectáculo con sus viva el islam y Alá es grande de rigor, no se sabe si por la gratuidad de la entrada en el improvisado coliseo en el que aquél se celebraba, o por la certera puntería del galardonado gladiador contra la fiera o, más bien, por la justicia con la que Alá y el Islam premian a sus crédulos.

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