«El día que caiga Bashar al-Assad lo dibujaré dentro de un cohete en dirección a la Luna para que no pueda volver nunca más», dice Mazir mientras mira por televisión, junto con tres amigos, los combates que libran en Damasco las tropas del régimen y los rebeldes. Una vez por semana, estos sirios se reúnen en una casa de Al-Bueda, en la provincia de Homs, para preparar los carteles que los vecinos de las localidades cercanas usarán en las manifestaciones de los viernes.