Sabíamos que la iban a matar. Cuando Irán anunció que se había paralizado la lapidación, la premio Nobel Shirin Ebadi dijo: «No me fío. La matarán». Y así lo ha confirmado el régimen: no la lapidarán, solo la ahorcarán. Teniendo en cuenta que Sakineh Ashtiani (en la imagen) había pedido que no la lapidaran delante de sus hijos, la sentencia es un avance. Por supuesto el régimen ha armado todo un cuerpo legal para considerarla culpable, pero la crónica de su tragedia nos da la medida de la tortuosa perversidad de esta tiranía.