Por lo menos 365 personas murieron, y más de 5.500 resultaron heridas, durante los 18 días de protestas que derrocaron al presidente Hosni Mubarak, dijo el Ministerio de Salud egipcio ayer, en el primer informe oficial sobre víctimas.
Por lo menos 365 personas murieron, y más de 5.500 resultaron heridas, durante los 18 días de protestas que derrocaron al presidente Hosni Mubarak, dijo el Ministerio de Salud egipcio ayer, en el primer informe oficial sobre víctimas.
El 2011 habrá de marcar un antes y un después para el mundo árabe y Medio Oriente. Las caídas de los presidentes de Túnez y de Egipto por revueltas populares parecen ser solo el comienzo de movimientos y manifestaciones que se multiplican, y que ponen en jaque a los gobiernos de Argelia, Jordania, Yemen y Arabia Saudita. Como una onda expansiva, pueden alcanzar también a Marruecos y Siria, y desestabilizar el autoritario gobierno iraní.
El movimiento popular que ha sacudido a países como Túnez, Egipto, Yemen y cuyas réplicas han llegado hasta Argelia, Marruecos y Jordania es el más rotundo desmentido a quienes, como Thomas Carlyle, creen que «la historia del mundo es la biografía de los grandes hombres». Ningún caudillo, grupo o partido político puede atribuirse ese sísmico levantamiento social que ha decapitado ya la satrapía tunecina de Ben Ali y la egipcia de Hosni Mubarak, tiene al borde del desplome a la yemenita de Ali Abdalá Saleh y provoca escalofríos en los gobiernos de los países donde la onda convulsiva ha llegado más débilmente como en Siria, Jordania, Argelia, Marruecos y Arabia Saudí.
El Comité Central Israelita del Uruguay volvió a criticar ayer miércoles 16 la “amistad íntima” del gobierno uruguayo con el de Irán, que se tradujo en una nueva visita a Teherán de un ministro de Estado, en este caso de Tabaré Aguerre (Ganadería), acompañado por una comitiva.