«Tenemos que subirnos al estribo de Brasil», ha dicho el presidente José Mujica sabedor de que el pequeño Uruguay no puede desentenderse de las consecuencias económicas que genera el gigante norteño a su alrededor. Pero desde la oposición se advierte que esa estrategia, sumada a otras cuestiones, tiene una importante contraindicación: está resquebrajando la tradicional política de Estado en materia de relaciones internacionales.