Las dictaduras modernas solo sobreviven mientras cuenten con inercia tolerante o hasta cierto apoyo de sus pueblos, el respaldo de la estructura militar y ayuda o benevolencia internacional. Caen cuando estos factores se diluyen, como ocurrió en Egipto y Túnez y va en camino de suceder en Libia (si se logra evitar la masacre del régimen libio sobre su pueblo) y otros países árabes. Los golpes de Estado que se expandieron en Medio Oriente al final del período colonial en el siglo pasado fueron inicialmente aceptados por la mayoría de la población como esperanzado reemplazo de monarquías absolutas, en las que campeaba la corrupción y el favoritismo elitista, en desmedro del bienestar de la gente.