Política y lenguaje

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Víctor Klemperer nació en 1881, hijo de un rabino de Brandeburgo. Sirvió, como Hitler, en el ejército bávaro durante la primera guerra mundial. Tuvo un brillante expediente académico, como tantos judíos alemanes, y en 1920 fue nombrado catedrático de Lenguas Románicas en la Universidad de Dresde. Casado con una protestante de Königsberg, la más protestante de todas las ciudades prusianas, se convirtió al protestantismo. Su actitud frente al judaísmo era negativa. “No soy más que un alemán, o europeo alemán”, decía. Pero Hitler decretó que pertenecía a la “nación judía”, lo que pone de relieve, en palabras, de Niall Ferguson “uno de los grandes rompecabezas del siglo XX: el hecho de que la violencia racial más extrema de toda la historia tuviera sus orígenes en una sociedad en la que la asimilación avanzaba con una rapidez excepcional”, hasta el punto de que la minoría judía “se hallaba inextricablemente entretejida en el tejido de la sociedad alemana”. Lo que quizá ayude a entender el antisemitismo de los nazis como una reacción frente al éxito de la asimilación judeoalemana.

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