El asalto del régimen del presidente Assad a la ciudad de Hama debe servir para disipar cualquier idea de que la lucha en Siria está llegando a su fin, o que el régimen ha aceptado su destino.
La dirección general de las revueltas en el mundo árabe sugiere, en este momento, que los peores dictadores de la región tienen todavía una probabilidad de supervivencia, a condición de que no tengan reparos en ir a la guerra contra sus propios pueblos. El presidente sirio parece haber aprendido la lección.