Hay dos imágenes. En la primera un terrorista encapuchado extrae de su ropaje una ametralladora y al grito de: “Alá es el más grande”, comienza a disparar a mansalva contra un desprevenido público aglomerado en torno a una actividad de esparcimiento. El saldo es el pánico generalizado, decenas de muertos, múltiples heridos y ríos de sangre. La escena se desarrolla en París. La segunda imagen es idéntica a la primera, pero el terrorista utiliza un cuchillo y acontece en Jerusalén. La ideología de quienes perpetran estos crímenes es la misma. Libran la guerra santa, la Yihad, contra todos los que no son musulmanes. Los consideran infieles, sean cristianos, judíos o ateos y mediante la violencia pretenden convertirlos, someterlos o eliminarlos. La recompensa por esa misión sagrada será, acceder al paraíso celestial donde los aguardan 72 vírgenes.