Desde los ataques terroristas de la década de 1960, las organizaciones terroristas han distribuido geográficamente sus activos a través de varios países con el propósito de reclutar su poderío humano, participar en entrenamientos militares, vender para comprar de vuelta sus activos financieros y proveer salvoconductos seguros a través de diferentes estados. Su objetivo era crear una red terrorista internacional, cuyos componentes estarían fuera del alcance de cualquier potencia militar occidental. Lo que ahora se ha puesto de manifiesto es que la solidaridad efectiva entre estados se ha convertido en un requisito previo para que a la larga tengan éxito en este conflicto. Sin embargo, ante los brutales ataques del Estado Islámico en París durante el 2015, que dejaron 129 muertos, se inició un debate en los medios internacionales sobre si los ataques terroristas contra los israelíes pueden compararse con el reciente asalto yihadista a las capitales europeas.
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