Hubo una época en que la palabra «periodista» significaba algo. Implicaba integridad, promesa de verdad y credibilidad. Se esperaba que un periodista informara, no inflamara; que investigara, no incitara; que arrojara luz sobre la realidad, no que encubriera el terror con el lenguaje de los derechos humanos. Pero en el Medio Oriente actual, especialmente en