Los Bartels, típica familia alemana con lazos en los círculos de poder que entregó cerebro, músculo y ojos azules para engrasar la máquina totalitaria alemana que condujo a Europa a cortarse las venas entre 1939 y 1945. Una familia que, durante la Segunda Guerra Mundial, ocultó a una mujer judía en un granero. Gerhard Bartels tiene 83 años. Alto, esbelto, ojos azules cansados. Se conserva lúcido y aún echa sus buenas horas en el hotel familiar emplazado desde 1938 en Hintersee, en un valle idílico entre los Alpes bávaros. En la región de Berchtesgadener Land se encuentra el único parque nacional alpino de Alemania. Cuando acabe la entrevista subirá al monte para ayudar a un vecino a recoger la hierba.