Tegernsee, lugar muy turístico del sur de Alemania, quitó oficialmente a Adolfo Hitler el título de “ciudadano de honor” que ostentaba desde hace 83 años, anunció el miércoles el alcalde de este poblado bávaro Bild.
Tegernsee, lugar muy turístico del sur de Alemania, quitó oficialmente a Adolfo Hitler el título de “ciudadano de honor” que ostentaba desde hace 83 años, anunció el miércoles el alcalde de este poblado bávaro Bild.
Las obras de arte expoliadas por los nazis hace 80 años son los últimos prisioneros de la Segunda Guerra mundial. Y en ellas hay rastros de sangre. Metafórica, pero sangre. Porque todas esas piezas llevan, para siempre, la marca invisible de las manos que las han sostenido, las paredes donde colgaron y los dueños que las poseyeron. Décadas después del horror del Holocausto, miles de objetos robados por la dictadura nazi aún permanecen en infinidad de colecciones de todo el mundo. Algunas estimaciones hablan de unos 25.000. Solo en Francia se calcula que hay 2.000. Una cifra que se suma a las más de 235 obras que, por ejemplo, contabiliza la base de datos de arte perdido de los Pinakothek Museums.
En enero pasado y por primera vez desde 1945, el único libro escrito por Adolf Hitler, cuya primera edición data de 1925, fue publicado en Alemania. El Instituto de Historia Contemporánea de Munich fue el responsable de una edición crítica del panfleto político Mein Kampf. Sin embargo, su divulgación ha sido amplia en estos años en Medio Oriente, así como la influencia de sus ideas.
Los historiadores franceses en sus innumerables trabajos sobre la ocupación nazi en su país han caído en reticencias cuando no ninguneado el papel de los españoles refugiados luego de la victoria franquista sobre la República, tanto en la Resistencia de los maquis como en las filas de las Fuerzas Francesas Libres (FFL), la primera formación militar que entró en París horas después del levantamiento popular liderado por los guerrilleros el 24 de agosto de 1944. Al día siguiente, el general von Choltitz, gobernador alemán de París que se había rendido al soldado español Antonio González, firmaba después la capitulación nazi ante el general Leclerc. Este es el tema del que se ocupa Diego Gaspar Zelaya, doctor en Historia por la Universidad de Zaragoza, en su libro La guerra continúa. Voluntarios españoles al servicio de la Francia libre (1940-1945).