Hans Hofmeyer, el juez alemán que formó parte del tribunal de Fráncfort que procesó a los jerarcas nazis por los crímenes de Auschwitz, fue en realidad una pieza más del tenebroso engranaje legal del Tercer Reich.
Hans Hofmeyer, el juez alemán que formó parte del tribunal de Fráncfort que procesó a los jerarcas nazis por los crímenes de Auschwitz, fue en realidad una pieza más del tenebroso engranaje legal del Tercer Reich.
ABC fue uno de los primeros periódicos del mundo en visitar un campo de concentración nazi, cuando ni siquiera habían sido evacuados los miles de prisioneros que allí se hacinaban moribundos. «Conforme avanzamos, parece que vamos a entrar en una exposición o una feria de muestras», escribía desde Dachau el enviado especial, Carlos Sentís, en la edición del 15 de mayo de 1945. Y eso que aún faltaban cuatro meses para que finalizara la Segunda Guerra Mundial y hacía solo 15 días que Hitler se había suicidado en su búnker de Berlín.
El día en que Adolf Hitler convirtió, en marzo de 1920, el Partido Obrero Alemán (DAP) en el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP), aquel exsoldado superviviente de la Primera Guerra Mundial y antes frustrado pintor presentaba en una célebre cervecería de Múnich los 25 puntos que constituían el programa de su rebautizada formación. Entre esos 25 puntos, inspirados en buena medida de antisemitismo, racismo y otras ideas liberticidas, figuraba, en lo económico, «la ruptura de la esclavitud de los intereses». Esa expresión, al igual que la fórmula de los 25 puntos, salió de la cabeza del ingeniero y economista Gottfried Feder, un nazi de la primera hora y autor precisamente de Das Manifest zur Brechung der Zinsknechtschaft des Geldes (Ed. Jos. C. Huber, 1919), título traducible como «Manifiesto por la ruptura con la esclavitud de los intereses del dinero».
«Gutenberg, este libro maligno ha violado tu imprenta», gritaba el alemán Friedrich Kellner en eventos políticos en la década de los 20 del siglo pasado. Mientras lo hacía, sostenía en alto el libro escrito por Adolfo Hitler, Mein Kampf, en donde hablaba de su ideología y su postura antisemita. En ese entonces no tenía ni idea de que, muchas décadas después, su nieto haría público el diario que secretamente escribió documentando las atrocidades cometidas en la Alemania nazi.