Notre Dame y el desquicio de Hitler

Notre Dame y el desquicio de Hitler

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El 23 de agosto de 1944 fue un día dantesco para Dietrich von Choltitz, el gobernador militar alemán impuesto por el Tercer Reich en París. Además de tener que dirigir una defensa desesperada de la capital francesa ante el empuje imparable de los Aliados, el teutón sabía que había recibido una orden tan taxativa como desquiciada del mismísimo Adolf Hitler: «Paris no debe caer en manos del enemigo, salvo siendo un montón de escombros». El «Führer» debió pensar que, si la «ville de l’amour» no estaba bajo su mando, no sería para nadie. La idea era hacer saltar por los aires los principales monumentos de la urbe mediante explosivos y cohetes antes de tocar a retirada. Desde la Torre Eiffel hasta la catedral de Notre Dame.

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El laboratorio de los genios

El laboratorio de los genios

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Reconvertido en un fascinante museo a unos 45 minutos en tren de Londres, Bletchley Park fue un hervidero de mentes brillantes que descifraron, tras un infatigable trabajo, los imposibles códigos nazis en la II Guerra Mundial. Con motivo del 75 aniversario del Desembarco de Normandía (el próximo 6 de junio), este lugar, plagado en su día de secretismo y conspiraciones militares, inauguró una nueva exposición: «Día-D: Interceptación, Inteligencia, invasión».

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Bajo el yugo nazi

Bajo el yugo nazi

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Túnez, el único país africano invadido por el nazismo, sufrió directamente las consecuencias en su judería. No obstante, pocas veces se recuerda su también bendita memoria. A principios de 1940 -cuando Europa temblaba ante el estruendo horripilante de la Segunda Guerra Mundial- habitaban en Túnez unos 90.000 judíos. Una población significativa para un país tan pequeño.

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