Su apellido figura en la historia médica de cientos de miles de niños y niñas de todo el mundo. Las enciclopedias lo recuerdan como un pediatra, investigador, psiquiatra y profesor de medicina austríaco reconocido por sus tempranos estudios sobre desórdenes psicológicos en la infancia. Sin embargo, la biografía de Hans Asperger esconde un pasado siniestro: durante el nazismo, fue cómplice del régimen sumándose con sus diagnósticos a las políticas de exterminio que aplicó el III Reich sobre las criaturas que eran diagnosticadas como “poco aptas” o deficientes. Detrás de los retratos que lo recuerdan como un sanador de chicos, la historiadora estadounidense Edith Sheffer acaba de develar un accionar criminal en su libro Asperger’s Children: Los orígenes del autismo en la Viena nazi que ha generado estupor en los Estados Unidos y en Europa en las últimas semanas.