Medio Oriente, la cuna del cristianismo, se vacía de cristianos a toda velocidad. Una extinción en tiempo real que mucho tiene que ver con la marea negra de Estado Islámico (EI) y otros guerreros encapuchados del mismo estilo, que al grito de «Alá es Grande» se pasean ante las cámaras, espada en mano y fusil en bandolera. Y quizás en la mochila, sepan o no leer, el libro sagrado. No queda la menor duda de que el odio ganó definitivamente la batalla en los corazones de los jihadistas, según el relato de Montes y Guadalupe, ambos misioneros argentinos del Instituto del Verbo Encarnado con años de experiencia en Medio Oriente, ella en Siria y él en Irak.
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