Prácticamente no hay día en que la prensa internacinal no relate acerca de un ataque al grito de “Allahu akbar”, aunque este detalle tan significativo muchas veces es obviado, así como el origen étnico o fe religiosa que profesa el atacante. Evidentemente, el que uno sea judío, cristiano maronita o hinduista no es un dato relevante si atraca un banco, aunque en el caso de estafas es habitual destacar dicha condición si el sujeto es judío y refuerza su estereotipo. Es más: últimamente las diferentes policías occidentales suelen avanzar que se trata en estos casos de gente desequilibrada. Hemos pasado de los “lobos solitarios” o sociópatas al simple loco de toda la vida o psicópata. Aunque hay algo muy llamativo: estos nuevos desquiciados no sólo quieren matarnos, sino también morir en el intento. O, dándole la vuelta a la tortilla: no sólo quieren suicidarse, sino matar a otros mientras lo hacen.
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