«Lo primero que hacen los jihadistas cuando entran es arrasar con las cruces cristianas»

«Lo primero que hacen los jihadistas cuando entran es arrasar con las cruces cristianas»

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Medio Oriente, la cuna del cristianismo, se vacía de cristianos a toda velocidad. Una extinción en tiempo real que mucho tiene que ver con la marea negra de Estado Islámico (EI) y otros guerreros encapuchados del mismo estilo, que al grito de «Alá es Grande» se pasean ante las cámaras, espada en mano y fusil en bandolera. Y quizás en la mochila, sepan o no leer, el libro sagrado. No queda la menor duda de que el odio ganó definitivamente la batalla en los corazones de los jihadistas, según el relato de Montes y Guadalupe, ambos misioneros argentinos del Instituto del Verbo Encarnado con años de experiencia en Medio Oriente, ella en Siria y él en Irak.

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Una infancia destruida por el Estado Islámico

Una infancia destruida por el Estado Islámico

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Los problemas psicológicos causados por la violencia y la guerra forman parte del macabro capital intangible que acompañará a estos niños durante gran parte de sus vidas. Pero hay otras amenazas para estos pequeños que también condicionarán su futuro: el trabajo infantil y los matrimonios a edades tempranas.

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El secreto de los vecinos ateos del ISIS

El secreto de los vecinos ateos del ISIS

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Mario y Ahmad no creen que exista ningún Dios, por eso son temerosos de los hombres. Hoy se reúnen en un bar de copas del barrio cristiano de Mar Mikhael en Beirut, que también es una radio de música electrónica. Aquí las sesiones de house se encadenan como un rezo infinito, también por las mañanas, mientras los camareros lo preparan todo para otra noche de fiesta. Es imposible que alguien no deseado oiga lo que los jóvenes ateos quieren decir. «En Arabia Saudí nos ahorcarían, en Palestina o Egipto iríamos a la cárcel. Aquí no pueden hacernos eso, pero sí juzgarnos por blasfemia y convertir nuestra vida en un infierno», cuenta Mario.

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