Parafraseando al genial Jorge Drexler: “creo que hay una luz en el final del camino”. Los pueblos siempre consiguen lo que quieren. No importa cuánto demore, cuales sean los métodos, cuánta represión se ejerce sobre los ciudadanos o contra las organizaciones opositoras de los gobiernos de turno. Generalmente el camino es largo y tortuoso, hay que sortear dictaduras, injusticias, mucha violencia ejercida por quienes no quieren perder el mando.
Las últimas elecciones en Irán nos muestran que hay una luz de esperanza encendida por un pueblo iraní que hoy tiene que soportar las consecuencias que imponen la terquedad y radicalización de sus líderes respecto a los asuntos internacionales y también los internos.