Un predicador saudí había pegado hasta la muerte a su hija de cinco años al parecer ante la sospecha de que podría haber perdido la virginidad. Lo condenaron a ocho años de prisión y la indignación estalló. Le había roto los brazos y dejado numerosas fracturas en el cráneo usando, entre otras cosas, una plancha de hierro. Lama, que así se llamaba la niña, estuvo cuatro meses en coma antes de morir, y no fue enterrada hasta otros cuatro meses después en espera de la investigación y la autopsia.