Ha habido revoluciones radicales en Túnez, Egipto, Siria, Yemen y Libia. De ninguna hasta ahora ha surgido una democracia estable e incluyente.
Pero también están las revoluciones radicales de las que no hemos leído nada, desarrollándose en Arabia Saudita y en otras monarquías. Esta evolución implica un desplazamiento sutil pero real en las relaciones entre los líderes y su pueblo, y es posible detectarlo incluso en una breve visita a Arabia Saudita y a Dubai y Abu Dabi en los Emiratos Árabes Unidos.