Para los arqueólogos franceses Pierre Leriche, de 73 años, y Jean Claude Margueron, de casi 80 años, que pasaron décadas descubriendo el rico pasado de Siria, es demasiado doloroso ver su triste presente. La guerra civil ha hecho que, desde hace ya tiempo, el trabajo sea imposible en las ciudades, casas y los templos antiguos, donde otrora trabajaron pacíficamente para comprender civilizaciones de antaño. Ahora llega un creciente número de informes que documentan el grado de daño infligido a uno de los registros históricos más importantes del mundo, incluidos la destrucción física por los combates, el saqueo rampante de los sitios arqueológicos y de los museos, así como de otras colecciones.