El brazo femenino del Estado Islámico adoptó un nuevo instrumento en su afán por imponer la sharia (ley islámica) en Siria. Es similar al usado en la Edad Media para torturar a las acusadas de adulterio
El brazo femenino del Estado Islámico adoptó un nuevo instrumento en su afán por imponer la sharia (ley islámica) en Siria. Es similar al usado en la Edad Media para torturar a las acusadas de adulterio
Nunca un titular podría escribir mejor la historia de un año que amenaza con marcar la próxima década. El yihadismo es la ¿nueva? amenaza para la estabilidad de un planeta que, con más o menos fortuna, ha tratado de evitar catastróficas guerras como las que sacudieron la historia en el s.XX. Pero suenan tambores inmediatos. El año que mañana comienza cuenta entre sus deberes con el de poner coto a una amenaza que es ya una realidad. Un territorio en manos de sanguinarios terroristas que se ramifica en acciones individuales en todas las esquinas del planeta.
Los soldados del régimen teocrático ejecutaron el 25 de diciembre pasado al menos a siete detenidos, quienes se encontraban alojados en la prisión de Adelabad, en el oeste del país
La monarquía de los Saud se dispone a juzgar como terroristas a dos mujeres por desafiar la prohibición de conducir. El régimen, una teocracia absolutista de corte medieval que fomenta el sectarismo religioso y exporta la guerra santa, hace meses que castiga con penas muy severas cualquier acto de disidencia. Dos activistas, por ejemplo, fueron condenados en marzo a ocho y diez años de cárcel por retuitear mensajes a favor de manifestaciones pacíficas. Las penas salieron de la nueva ley antiterrorista, un texto pensado para cortar de raíz cualquier opinión o acción dispar.