La solución para derrotar al ISIS no es una invasión terrestre, porque ya es una organización global con franquicias locales. La única opción realista es frenar y deteriorar el califato y convertirlo en otro Estado fallido dentro de la región.
La solución para derrotar al ISIS no es una invasión terrestre, porque ya es una organización global con franquicias locales. La única opción realista es frenar y deteriorar el califato y convertirlo en otro Estado fallido dentro de la región.
Tras la ejecución de un prominente clérigo chiita junto a otras 46 personas, Arabia Saudita e Irán se encuentran en una fuerte confrontación que incluye una ruptura de las relaciones diplomáticas, una suspensión del tráfico aéreo y la eliminación de las relaciones comerciales.
Irak, Afganistán, Siria, Libia, Líbano y, más recientemente, la ciudad de París se han convertido en lugares donde se desarrolla una guerra entre grupos que responden a una unidad política creada recientemente en Medio Oriente, el Estado Islámico (EI) y los Estados nacionales que los combaten. Para algunos comentaristas, el mundo asiste a la Tercera Guerra Mundial, caracterizada por el choque de civilizaciones que había vaticinado Samuel Huntington a principios de los noventa.
El pasado 2015 nos ha dejado muchas heridas y muchas lecciones. Hemos sido testigos de eventos que nunca hubiéramos imaginado los que nacimos en la segunda mitad del siglo pasado. Soñamos -con razón y durante bastante tiempo- que luego de las atrocidades cometidas contra judíos, gitanos, homosexuales, polacos, rusos etc., a manos de las hordas nazis, no veríamos comportamientos similares. Era esperado que la humanidad hubiera aprendido la lección y que enrumbara un camino hacia la civilización y la tolerancia para con el otro. Erramos.