No hay descanso. La vida sigue, la ciudadanía empuja para adelante, pero Israel sigue lidiando con el terror. El viernes de la semana pasada, como evidentemente ya todos saben, también uno de los máximos símbolos de la vida llena de energía en Israel, una calle céntrica de Tel Aviv, fue víctima del horror. Dos muertos en la balacera lanzada por Nashat Milhem, ciudadano árabe israelí de la localidad de Arara en Wadi Ara, que salió de un negocio con un arma automática en la mano, y al mejor estilo de los extremistas del DAESH en París, se plantó sobre la vereda y comenzó a acribillar a la gente sentada en el pub «Hasimtá».
Ver nota completa