Lo peor puede estar aún por llegar en esta localidad donde la población civil sufre los bombardeos y la artillería de las fuerzas de Al Assad, que se han cobrado ya más de 250 vidas y que han dejado una situación calificada de «catastrófica»
Lo peor puede estar aún por llegar en esta localidad donde la población civil sufre los bombardeos y la artillería de las fuerzas de Al Assad, que se han cobrado ya más de 250 vidas y que han dejado una situación calificada de «catastrófica»
En la Conferencia de Seguridad que se reaqlizara hace dos días en Munich, Alemania, el ministro saudí de Exteriores, Adel al Jubeir, abogó por elevar la “presión” sobre Irán, al que acusó de ser el origen de todos los problemas actuales de Oriente Medio, y denunció los “fallos” del acuerdo nuclear con Teherán.
Como era de esperar, el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel por parte de Donald Trump generó indignación masiva en el mundo árabe e islámico. Por dos razones fundamentalmente, una religiosa y otra de tipo nacionalista. La razón religiosa se enraíza en la concepción que tiene de sí el islam como una religión cuya misión es acabar con el judaísmo y el cristianismo, y heredar todo lo que una vez fue judío o cristiano: sus territorios, lugares de culto, gentes. En la cosmovisión del islam, Palestina pertenece entera y exclusivamente a los musulmanes, porque tanto los judíos como los cristianos traicionaron a Alá cuando se negaron a convertirse en seguidores del profeta Mahoma. El castigo para ellos es la expulsión de sus tierras y la pérdida de todos sus derechos sobre ellas.
Si hiciéramos una lista de deseos sobre política internacional para 2018, entre los primeros estaría el de terminar con la ficción que el Líbano es un país independiente y no una satrapía iraní gobernada por la legión extranjera de Irán, Hezbolá. El establishment occidental de la política internacional mantiene esa ficción con buenas intenciones: quiere proteger a los libaneses inocentes para que no sufran las consecuencias de las provocaciones de Hezbolá contra sus vecinos. Pero esta política ha permitido a Hezbolá arrasar varios países con impunidad, y está allanando el camino a una guerra que arrasará el propio Líbano.