Hubo muchas reacciones iraníes mal guiadas en respuesta a la muerte de Qassem Soleimani. En primer lugar, su funeral, destinado a ser una “gran respuesta popular” a los estadounidenses, terminó en tragedia donde unas 70 personas murieron aplastados por las típicas estampidas islámicas. En segundo lugar, el bochorno de más de una docena de misiles disparados a dos bases estadounidenses en Irak no dejaron un solo soldado muerto o herido. Así, el rumor propagandístico que el régimen khomeinista instaló sobre 80 muertes de efectivos norteamericanos supuestamente encubierto por Washington, fue retirado por los mullah rápida y vergonzosamente.