El 10 de julio de 1941 en Jedwabne, Polonia, los polacos católicos masacraron a sus vecinos judíos. No eran nazis, pero sus crímenes sólo pueden ser considerados un ejemplo más de fascismo. Sometieron a sus víctimas a todo tipo de torturas y vejaciones públicas, y quemaron vivos a los supervivientes en un pajar [1]