Los deudos de víctimas del Holocausto vetaron la participación de la empresa Degussa en la construcción del memorial para los judíos asesinados, que se levanta en Berlín, por su vinculación con las cámaras de gas nazis.
Los deudos de víctimas del Holocausto vetaron la participación de la empresa Degussa en la construcción del memorial para los judíos asesinados, que se levanta en Berlín, por su vinculación con las cámaras de gas nazis.
Aprobada por el líder nazi y el Gran Muftí en 1941, la Legión Árabe Libre formó parte del ejército alemán y, junto con pequeños grupos de paracaidistas de la misma procedencia, combatió en contra del imperialismo francés e inglés.
Binyamin Netanyahu está equivocado: no fueron los palestinos quienes enseñaron la matanza sistemática de judíos a los nazis. El Holocausto, como cualquier historiador serio sabe, no se refiere apenas al período pos-1942, cuando en la Conferencia de Wansee se decidió «la soluçión final para la cuestión judía» (es importante decir «cuestión judía» porque siempre hay eruditos para quienes el Holocausto no fue específicamente pensado para los judíos).
La lectura del nuevo libro de Alberto Sucasas confirma que se ha impuesto la tarea de contribuir a que este imperativo se cumpla. El filósofo lituano Emmanuel Lévinas representa para Sucasas el modelo de una forma de pensar posbélica que -según la hipótesis que busca comprobar- habría hecho del acontecimiento de la Shoah («eco inaudible») el ancla de su programa ético-metafísico. El texto que nos ocupa pretende mostrar cómo al trabajo del concepto, en la obra de Lévinas, subyace un compromiso con el recuerdo de las víctimas de la violencia sistemática nazi.