El profesor José Lorenzo Tomé reflexiona sobre el ensayo de Alberto Sucasas, distinguido con el premio Miguel de Unamuno
Es de sobra conocida la frase de Adorno en sus Meditaciones sobre la metafísica de la Dialéctica negativa: «Hitler ha impuesto a los hombres un nuevo imperativo categórico para su actual estado de esclavitud: el de orientar su pensamiento y acción de modo que Auschwitz no se repita, que no vuelva a ocurrir nada semejante». La lectura del nuevo libro de Alberto Sucasas confirma que se ha impuesto la tarea de contribuir a que este imperativo se cumpla. El filósofo lituano Emmanuel Lévinas representa para Sucasas el modelo de una forma de pensar posbélica que -según la hipótesis que busca comprobar- habría hecho del acontecimiento de la Shoah («eco inaudible») el ancla de su programa ético-metafísico. El texto que nos ocupa pretende mostrar cómo al trabajo del concepto, en la obra de Lévinas, subyace un compromiso con el recuerdo de las víctimas de la violencia sistemática nazi. El ensayo de Sucasas adquiere su rasgo más trágico, cuando al final del capítulo Persecución se pregunta: «¿Fue el Lévinas teorizador de la persecución víctima del síndrome de Estocolmo, o muy al contrario supo llevar hasta sus últimas consecuencias, a buen seguro perturbadoras, la lección de Auschwitz?».
¿Cuál fue esa lección? Estamos en el núcleo del libro. Lévinas, señala Sucasas, vincula la noción de persecución con las ideas de sufrimiento y vulnerabilidad. A continuación da un paso decisivo transformando la pasividad inicial del perseguido en la obligación de responsabilizarse de la persecución que sufre; «el yo es responsable de su perseguidor, la víctima ha de hacerse cargo de la acción del victimario». La exigencia metafísica -en Lévinas- de explorar el de otro modo que ser, irrecuperable como ser de otro modo, conduce a un inédito ético, «el perseguidor aparece como rostro del otro hombre» y, en consecuencia, a una pregunta crucial: «¿Puede el perseguidor implacable (o su más atroz avatar contemporáneo: el nazi, el SS) ser considerado rostro, es decir alteridad que Lévinas considera santa?» [Sucasas]. Esta pregunta lleva a otra: ¿estamos ante una nueva versión del imperativo ético kantiano? Y también a esta otra: ¿la radical propuesta ética de Lévinas que, como demuestra Sucasas se alimenta de la experiencia de la Shoah, y que, por lo tanto, fundamenta su metafísica en un estrato material, no se queda corta al prescindir de un análisis más detenido de ese fundamento? Adorno lo expresó con contundencia: «La moral no sobrevive más que en un materialismo sin tapujos». Si tal imputación pudiese ser dirigida contra Lévinas, no empañaría lo acertado del libro de Sucasas en su exploración del vínculo que une la ontología de Lévinas con el acontecimiento de la Shoah, hecho que ha ocurrido en medio de toda una tradición filosófica, artística y científico-ilustradora que, culpable, no puede ser defendida sin crítica; ni rehusada sin caer en la barbarie que reveló ser (Adorno).
Casi un año después
El sello madrileño Devenir publica por fin el libro del pensador y profesor en la Universidade da Coruña Alberto Sucasas La Shoah en Lévinas: Un eco inaudible, que mereció el pasado año en Bilbao el premio internacional de ensayo Miguel de Unamuno, que celebraba su decimoquinta edición.
Lévinas y el impacto filosófico del Holocausto
27/Oct/2015
La Voz de Galicia, España