Pocos habrán oído su nombre antes, pero este anónimo estibador de los muelles de Riga se convirtió en un héroe discreto durante la Segunda Guerra Mundial, cuando Letonia, ocupada por las fuerzas nazis, se llenó de guetos y campos de concentración. Antes había trabajado en una fábrica cárnica cercana al Matadero Central de la ciudad. Por entonces era un activista que repartía panfletos del Partido Comunista, aún sin haber pertenecido nunca a él. Tras la ocupación, aprendió alemán y consiguió un puesto de confianza en un almacén de la Luftwaffe, la fuerza aérea germana, a través de un viejo conocido polaco, a quien los alemanes habían nombrado jefe. Esos almacenes, que se levantaban a la orilla del Daugava, muy cerca del Mercado Central, eran conocidos como Casas Rojas porque estaban hechos de ladrillo. Aún están en pie.
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