En 2017 Danny Yaakobson sufrió una grave lesión en una de sus piernas a causa de un accidente automovilístico mientras viajaba en el extranjero. Había perdido parte del hueso de la tibia. El año pasado su médico le habló de una tecnología revolucionaria llamada BonoFill, que ofrecía un nuevo injerto óseo compuesto por células propias del paciente, desarrollado por la compañía de biotecnología israelí Bonus BioGroup. Yaakobson aceptó ser parte del ensayo del procedimiento, que consiste en extraer tejido graso del paciente con el fin de aislar las células madre. Estas células se cultivan en un biorreactor que simula el entorno del cuerpo y proporciona las condiciones adecuadas para la generación ósea hasta que el tejido se solidifica. El tejido óseo endurecido se inyecta nuevamente en el cuerpo del paciente.