Debate de elefantes

En el caso del debate sobre la política francesa respecto a los gitanos de Rumanía, la manca finezza ha sido tan abrumadora, que el resultado podría ser una caricatura de la más estridente de las partituras de Igor Stravinski. Chirriar de lenguas a muy bajo nivel, lo cual nos recuerda que, puestos a ser simples, los europeos podemos ganar la pole position cuando nos ponemos. Por un lado, Francia ha sacado la brocha gorda y ha iniciado una política contra los campamentos ilegales de gitanos rumanos que, de facto, es una política de expulsión contra todo el colectivo. Es decir, teniendo un problema real, cuya compleja solución requiere una cierta valentía política, ha optado por confundir el individuo con el grupo, emulando simbólicamente aquel prior del Císter llamado Arnaud Amaury que en 1209 masacró a los cátaros de Beziers al grito de «Matadlos a todos, que Dios reconocerá a los suyos» (La Vanguardia, por Pilar Rahola).

Elogios a la resistencia británica al nazismo

Apenas aterrizó en Edimburgo, en el primer discurso que pronunció en el Reino Unido, cuna del protestantismo anglófono, Benedicto XVI elogió la heroica oposición que tuvo el país ante el nazismo, «una resistencia al mal que hoy debería ayudar a la sociedad a no ceder ante el secularismo». (La Nación)