Como todo en la investigación científica, no se trata de un descubrimiento que cura en forma inmediata, que en cuestión de meses podría ya utilizarse. Pero sí de un logro que podría ser clave en el avance hacia un tratamiento exitoso del Parkinson. La detección temprana, en una etapa en la que la enfermedad aún no se ha desarrollado considerablemente, es clave en la aplicación de un tratamiento que puede ayudar, si no a curar, al menos a postergar los duros efectos de la enfermedad. Lo que se vislumbra como un gran logro es que científicos de la Universidad de Tel Aviv, junto con colegas británicos y alemanes, aseguran haber hallado marcadores biológicos en ratones que ayudan a detectar el crecimiento (o agregación) de una proteína vinculada al desarrollo del Parkinson.