Resistir al miedo
La autora escribió este artículo en el año 2001; lo transcribimos por la vigencia que mantiene 13 años después.
La autora escribió este artículo en el año 2001; lo transcribimos por la vigencia que mantiene 13 años después.
Nadie duda de que se puede criticar legítimamente las decisiones del Gobierno israelí de turno. Menos que nadie los propios ciudadanos de Israel, que lo hacen con fruición porque para eso son ciudadanos de una democracia y no súbditos del tirano de turno, como la mayoría de los árabes de los países que les rodean. Precisamente por eso, muchos antisemitas se escudan en que lo suyo es mera crítica, no racismo ni nada que se lo parezca. Pero ¿cómo diferenciar unos y otros?
Es innegable que un soplo intolerante renovado se ha disparado en Occidente. Sucede a menudo ante operaciones militares en las que el ejército israelí está involucrado. No es casual que se hayan activado nuevas conspiraciones -previamente inactivas- para quienes aman la creencia de “que los judíos controlan el mundo”.
Israel es el único Estado en el mundo cuya existencia está amenazada. Esa “distinción” es exclusiva. Chile lo tuvo a Pinochet, Argentina a Videla, pero el rechazo al dictador nunca alcanzó a la existencia misma de la nación. Ese privilegio no existe para Israel. Gobierne la derecha o la izquierda, los religiosos o los laicos, la decisión de Hamas -y no sólo de Hamas- es arrojar los judíos al mar. Lo dicen, lo escriben e intentan hacerlo. Si no lo hacen no es porque sean bondadosos, sino porque no pueden.